Cumpleaños de Nahuel

Jugaron toda la tarde corriendo de arriba a abajo como si no hubiera un mañana, cantamos y reímos juntos mientras recordaba que cuando era pequeña y el mundo de los adultos me parecía tan aburrido prometí no ser así nunca. Quizá sea esa la razón por la que aún teniendo 28 años es fácil verme tirada en el suelo jugando a “hacernos cosquillas aguantando la risa” (cosa imposible porque me río aunque no me toquen) o corriendo por toda la casa para buscar el mejor escondite.

Terminamos el día tomando un chocolate caliente y disfrutando del bizcocho, esta vez dentro de casa, y con la melancolía de que el día estaba llegando a su fin.

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